MONTEJAQUE, dentro de la Serranía de Ronda e integrado en el Parque Natural “Sierra de Grazalema”, el municipio y su término están agrupados en torno a la Sierra de Líbar y el río Guadiaro, constituyendo una de las zonas kársticas más singulares y hermosas de toda la zona. Montejaque, a casi 700 metros de altitud dentro del A 12 Km. de Ronda y a 60 Km. de la playa en la Costa del Sol. Es el lugar ideal de alojamiento para descansar o disfrutar del rico Patrimonio cultural y etnográfico que le rodea. Desde la propia localidad, a sus montañas y su biodiversidad

Se conocen vestigios arqueológicos suficientes e importantes en la actualidad, para comprender la importancia que como vía natural de comunicación entre el interior y el litoral, tenía, y sigue teniendo, el Valle del río Guadiaro, desde el Paleolítico, neolítico y el bronce (Cueva de la Pileta, llano del Mures, punta de flecha de Montejaque, dólmenes de Libar, etc.).

Además de íberos y romanos, la influencia árabe se hace notar en la fisonomía de la localidad de forma más patente. Su casco histórico es de origen nazarí, conservado en la actualidad, es de un gran atractivo turístico, de calles empinadas, sinuosas, de paredes encaladas, que nos llevan a la parte alta del municipio, desde la que podremos contemplar una vista panorámica de especial belleza. Los visitantes pueden conocer también la Iglesia de Santiago (s. XVI), el Punto de Información del Parque Natural “Sierra de Grazalema” y el Centro de Interpretación de la Espeleología, lavadero de la Fuente Vieja, el Mirador del Karst. Algo más alejado se puede pasear y descubrir la Cueva del Hundidero, el Puente de la Dehesa, los Llanos de Líbar o la Ermita de la Escarihuela.

Su toponimia significa “Montaña Sagrada” (Montejaque). En 1485, antes de la caída de Granada, se incorporan a la corona de los Reyes Católicos.

La orografía del término municipal y la zona es muy abrupta, localizándose entre los ríos Gaduares y Guadiaro. Las Sierras del Palo, de Juan Diego, de Montalate, de Libar, alcanzan cotas sobre el nivel del mar, como la del Palo con 1.400 m, el Ventana con 1.298 m, el Hacho de 1.071 y el Mures con 871 m. Siendo muy interesante sus poljes o valles, intercomunicados entre sí, entre las distintas sierras que conforman todo el macizo, ideales para cualquier senderista.

La flora, la fauna, la biodiversidad en definitiva, nos fascinan a cada paso, dependiendo de la estación del año. En cuanto a su vegetación es la típica del bosque mediterráneo, de carácter autóctono, donde abundan las encinas, alcornoques, quejigos y algarrobos. Junto a los ríos surgen bosques de ribera, con fresnos, chopos, sauces y olmos. En cuanto a la fauna hay que destacar venados, cabras montesas, meloncillos, jinetas, zorros, etc. y entre las aves, buitre leonado, alondras, perdices, petirrojos, ruiseñores, entre otras especies.

Montejaque, cuenta con una infraestructura turística asequible a cualquier economía, encontrando Hoteles y Complejos, Posadas, Refugios, Albergues, Cortijos adaptados, Casas de Turismo, etc. donde gozar de las peculiaridades del turismo rural.

En estos aspectos, nos encontramos rodeados de suficientes atractivos turísticos y patrimonio histórico y monumental: desde las cueva de La Pileta, de Hundidero o Gato, hasta la ciudad romana de Acinipo; desde Torre Xexima, hasta el puente de La Dehesa y la presa de Los Caballeros; desde la ciudad de Ronda, a las de Grazalema o Setenil de las Bodegas.

En la Cueva de La Pileta, se encuentra la manifestación de arte rupestre más importante al sur de la Península Ibérica. Fue un santuario relevante durante el Paleolítico y el Neolítico, de ahí su importancia, como yacimiento arqueológico y antropológico, debido a sus múltiples pinturas, restos cerámicos y óseos, que han  aparecido. Su privilegiada situación está cerca de la vía de comunicación entre el interior de la serranía y el mar.

Uno de los aspectos más interesantes son las rutas de senderos a través de su término. La Sierra de Libar, nos transporta a paisajes de inolvidable belleza. Valles o poljes de paisaje kárstico, entre montañas, conectados entre sí, tales como los del Pozuelo, Libar, Zurraque, Burfo, Culantro, Jarastepar, etc. en el término de Montejaque, no se olvida fácilmente al senderista más exigente. Un paseo por la ribera del Guadiaro, entre Benaoján y Jimera de Líbar, tampoco.

La estancia entre sus habitantes es calidad y cordial, y como su paisaje, acaban “atrapando” al forastero.

En la zona se encuentran restaurantes, mesones, ventas y bares donde degustar la rica gastronomía serrana, productos del cerdo y sus derivados. Pudiéndose no sólo degustar, sino también adquirir dichos productos en sus múltiples variantes.

Los trabajos de diversas artesanías de la zona, en esparto y corcho fundamentalmente, son igualmente apreciados. Así mismo los productos chacineros de sus diversas Cooperativas e industrias (Montejaque y Benaoján) son de una garantizada relación de calidad y precio. Un ejemplo es la Cooperativa “Al-jaque” -en Montejaque-, fabricando mermeladas, miel con frutos secos, licores con frutas, y su gama de productos ecológicos de una elaboración exquisita.

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